Durante los ochentas, el siglo pasado, a la CDMX llegaban contingentes no sólo de Oaxaca: también de Chiapas; de Guerrero; de Michoacán; de Zacatecas. Y las secciones 9, 10 y 11 de la capital del país. Ya no es así.
Incluso la Presidenta comentó que no se trataba de toda la CNTE de Oaxaca, sino apenas de una parte, por cierto, muy cercana a la dirigencia actual de esa disidencia magisterial.
En esa mañanera, Sheinbaum Pardo hizo un sutil cuestionamiento a esos dirigentes a propósito de la actitud irreductible que han mostrado en las negociaciones:
La Sección 22 es hasta ahora la única del magisterio que no realiza elecciones para renovar a su dirigencia, algo que, añadió, hacen en asamblea.
No lo dijo la mandataria, pero lo cierto es que procedimientos así ponen en duda la legitimidad de las dirigencias aprobadas: a las asambleas sólo acuden unos cuantos, tantos como quepan en un auditorio o en un patio.
A concentraciones así sólo llegan a elegir, a mano alzada, los incondicionales de la dirigencia en turno. Nada de boletas electorales o urnas, nada del voto libre, secreto y universal.
Por eso el fin de los bloqueos; el levantamiento de los campamentos, la retirada de los maestros.
Si como consecuencia de la consulta directa a los maestros de Oaxaca resulta que no hay reconocimiento y menos respaldo a las acciones que la Sección 22 lleva a cabo en la capital del país y en Oaxaca, el gobierno habrá encontrado entonces una fisura muy importante que habría de ser definitiva.
Sería, en ese caso, una fisura en el que hasta ahora parece bloque monolítico y ante el cual –por convicción o necedad-, el gobierno no ha querido actuar, menos con represión violenta y ni siquiera con el pétalo de un desalojo por más que las leyes se lo permitieran y la opinión pública lo aplaudiera.
Acaso entonces el gobierno federal evidenciara ante las bases magisteriales de Oaxaca que los dirigentes de la Sección 22 son ilegítimos; que sus demandas no tienen consenso alguno y que esa parte del sindicato magisterial ha devenido apenas en un club de cuates.
Más grave aún resultaría saber si los dirigentes de la CNTE en Oaxaca se han prestado a ser utilizados para entorpecer e incluso golpear o sabotear el quehacer gubernamental del segundo piso de la 4T, lo que desde luego los pondría como adversarios y del lado de la derecha prianista.
Especulaciones aparte, parece claro que al movimiento de la CNTE le hace falta una fuerte sacudida, una que la lleva a renovar sus demandas y sus métodos de lucha.
Una, que les dé capacidad de negociación y altura de miras; que los haga pensar no sólo en sí mismos sino en el país y, claramente, en la educación.
Acaso la consulta directa a los maestros de la CNTE de Oaxaca sacuda sus conciencias…