Precisó al respecto que la infraestructura necesaria para operar estos ecosistemas digitales requiere inversiones millonarias: cada campaña podría costar cada semana entre 20 y 30 millones de pesos, si se consideran servidores, software especializado, líneas telefónicas digitales y personal para el diseño y manejo de los sistemas.
Bots y trolls, explicó, actúan de forma organizada para propagar noticias falsas, contenidos manipulados y narrativas negativas a gran escala.
En el contexto mexicano –continuó- hasta el 50% de la actividad en ciertas tendencias correspondería a cuentas automatizadas y se pueden generar miles de interacciones en minutos, creando la apariencia de apoyo o rechazo masivo hacia determinados temas o personajes.
Se trata, dijo el experto, de instalar tendencias y narrativas de forma artificial, recurriendo a la compra y programación de grandes volúmenes de cuentas falsas.
La velocidad de propagación de la desinformación supera ampliamente a la de los contenidos reales:
“Las noticias falsas tendrían 70% más probabilidades de ser compartidas y se difundirían hasta seis veces más rápido que la información verídica”, afirmó.
Hizo notar que la identificación de estos comportamientos inorgánicos se basa en patrones como la ausencia de contenido original, la repetición de mensajes y el bajo número de seguidores en las cuentas involucradas.