En realidad, no fue así porque la propuesta aprobada va acompañada con la aclaración de que los derechos de los senadores para expresarse están a salvo en el Reglamento Interior de la Cámara de Senadores.
Es decir que si algún legislador necesita más de cinco minutos para presentar su iniciativa o más de uno para hacer alguna observación, le bastará con hacérselo saber a la Mesa directiva y podrá continuar con su discurso.
Empero, ni la oposición panista ni la del PRI iban a desaprovechar la falta de sensibilidad y oficio político de la mayoría morenista.
Y no sólo se cansaron de acusarlos de tratar de imponer una ley mordaza –así lo calificó el senador panista Julen Rementenería del Puerto-, sino de pasar por encima de lo que dispone el Reglamento Interior.
La pifia, empero, pudo incluso ser superada, cuando la senadora Beatriz Paredes Rangel, del PRI, propuso que el acuerdo fuera retirado y presentado luego con un agregado que le daría precisamente el carácter de recomendación.
Pero a ninguno de los legisladores de Morena se les ocurrió nada parecido: en su defensa sólo apelaron a que se trataba de un acuerdo plural, de todos los grupos parlamentarios representados en la Mesa directiva, esto es, de unanimidad, de hacía varios días y del cual Acción Nacional, luego se desdijo.
En defensa del acuerdo sorpresivamente intervino el senador priísta, José Carlos Ramírez Marín, quien argumentó que se trataba de una mecánica simple de conducción para impedir, según dijo, verdaderos choros para que al final de cuentas el legislador dijera: “me adhiero”.
“No me quiero pasar una sesión de siete horas sentado oyendo las iniciativas de Morena, por eso quiero que duren cinco minutos nada más”, dijo. Y enseguida se disculpó ante su grupo parlamentario y aclaró que no descartaba la propuesta de su compañera Beatriz Paredes.
Al final de cuentas, tal cual le sucedió al PRI, la mayoría de Morena se impuso. Pero como el tricolor, perdió el debate.








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