Rubén Vázquez Pérez
La decisión presidencial de acudir directamente con los maestros oaxaqueños de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para conocer de viva voz cuáles son sus expectativas y opiniones sobre la problemática magisterial fue, sin duda, como “jaquear al rey”.
Al poco tiempo de que la Presidenta Claudia Sheinbaum anunciara la medida, los maestros retiraron sus plantones y bloqueos de las principales vialidades de la Ciudad de México y regresaron a Oaxaca.
Presuntamente se fueron a replantear su lucha porque, según advirtieron, regresarían luego a la capital del país con una protesta aún más fuerte.
Está por verse, porque en alguna de las mañaneras recientes, la mandataria hizo notar un detalle en el que hasta ahora casi nadie había reparado: la movilización de la CNTE se ha reducido en los últimos años.
Más precisamente, a la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que agrupa a los profesores de Oaxaca.
Rubén Vázquez Pérez
La gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos, habría de llegar al Senado de la República, con un as bajo la manga, pero tendría que ser uno de verdad muy bueno, uno que si bien hasta el momento resulta inimaginable, le permitiera negociar al menos su libertad, toda vez que la gravedad de los hechos de que se le acusan, hacen prácticamente inevitable que se le enjuicie políticamente, se le separe del cargo, pierda el fuero constitucional del que aún disfruta y sea llevada a la justicia acusada de traición a la Patria.
Y una vez sin fuero, no tardaría en acumular una serie de acusaciones –que si duda integrarían un grueso y pesado expediente- que muy probablemente habría de aumentar su tiempo en prisión.
Como ha sido del dominio público, la gobernadora enfrenta ahora haber contravenido lo que disponen la Constitución General de la República y la Ley de Seguridad Nacional, en lo relativo a haber permitido el ingreso de agentes estadunidenses de la CIA para que participaran en un operativo contra cárteles del narcotráfico, algo para lo que no solicitó el permiso del Gobierno federal –como lo establece la Ley- y, así las cosas, constituye una clara violación de la soberanía nacional.
Rubén Vázquez Pérez
¿Será que verdaderamente ha sido una derrota política la aprobación del Plan B de la reforma electoral propuesta por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo?
A la luz de los resultados, pareciera que si: los dirigentes de los partidos políticos conservan la discrecionalidad para que sean ellos, y nadie más, quienes a su entero arbitrio, designen a los candidatos plurinominales a los congresos.
Este solo hecho echa por tierra la promesa que la Mandataria –cuando candidata- hizo a varios sectores de sus votantes en el sentido de que las candidaturas plurinominales se decidieran mediante el voto popular, es decir, entre la ciudadanía, al margen de los líderes partidistas.
No sucedió y el hecho dejó en claro que la Presidenta enfrentó a uno de los poderes fácticos sobrevivientes del oscurantismo prianista, un tiempo en el que los plurinominales fueron esa especie de sumisos y eficientes operadores políticos y de negocios de la política que tan redituables resultan a dirigentes, familiares y allegados.
Y por lo que se ve, lo seguirán siendo.
Pero aquí puede decirse que como parte de ese poder fáctico sobreviviente está nada más y nada menos que el Partido de los Trabajadores (PT) y más específicamente su dirigente máximo, esa especie de Fidel Velázquez reloded: el senador Alberto Anaya Gutiérrez, quien hace y deshace en esa agrupación desde hace 36 años.
David Martín del Campo
Como somos superiores (arios, portadores del martillo de Thor), deberemos convencer –y conquistar– al resto del mundo. Fue la tesis que esgrimió el partido Nacional Socialista de los Trabajadores, Nazi, para lanzarse a ocupación de las naciones adyacentes… Austria, Checoeslovaquia, Polonia, Francia, Hungría, Rumanía, todo con el propósito de erigir el Tercer Imperio (Reich).
El ejército comandado por Adolfo Hitler logró sorprendentes éxitos en los primeros años del conflicto, 1940, 1941; después vendría la debacle, que duró hasta la ocupación de Berlín el 30 de abril de 1945. Lo demás, es historia.
Los marxistas afirman que la lucha de clases ha sido la clave del acontecer histórico: esclavos contra patricios, siervos contra patrones, proletarios contra hacendados. Ha sido la clave de algunos movimientos políticos fundados en la imposible reconciliación social. Sin embargo el acontecer reciente nos recuerda que otra interpretación, igualmente válida, es la de los imperios en pugna. Imperios que se han apoderado de la mitad del mundo, imponiendo su estatus, su religión, su idioma, y obligando al ineludible tributo, cuando no la cesión territorial. Así ocurrió con el imperio de Alejandro, la Roma del César, el imperio Otomano, la invasión mongola de Gengis Kahn, la expansión musulmana, el imperio de Carlos V (“donde nunca se ponía el sol”), el imperio británico, el japonés, ya no se diga la Europa soviética resultado de la II Guerra Mundial.
La reciente bravuconada de Donald Trump, advirtiendo que en algún momento se apoderará de Groenlandia, no hace sino confirmar la tesis que esgrimía Fidel Castro en cuanta tribuna se le presentaba. Su lucha, la de la pequeña Cuba socialista, era contra “el imperialismo norteamericano”, así cuando en lo personal disfrutase de beberse diariamente dos cocacolas.