David Martín del Campo
Tómbola, bingo, desdén. A eso se ha reducido la democracia mexicana ahora que se pretendió la “elección” de sus impartidores de justicia. Fue una novedad histórica que jamás imaginaron los constituyentes del 17: elegir a los jueces que no debieran deberle sumisión a partido alguno. De ese modo, 87 millones de electores le dieron la espalda al proceso electoral del domingo, toda vez que se pretenda celebrar con fanfarrias la aquiescencia de los 12 millones que sí asistieron, “acordeón” en mano, a obedecer la orden –diría Cri cri– que dio el general.
¿Rutilo Méndez, Herlinda Sierra o Fabián Izquierdo? Las disquisiciones del elector, boleta en mano, con los más de 2 mil 600 candidatos de los que realmente se ignora todo. Circunstancia que alcanza el absurdo, máxime que muchos de ellos fueron pre-eleccionados por el “democrático” procedimiento de la tómbola. De ese modo, alguien diría, el sufragio universal ahora se ejerce al ritmo de la melodía de Marisol en los años 60, cuando nos advertía con su jovial desenfado… “la vida es una tómbola, tom-tom tómbla, de luz y de color”, por no decir que de tin-marín, de do pingüé, porque votar o no votar por Rutilo, Herlinda o Fabián, daba lo mismo.
Por Raúl Adorno Jiménez
Sin duda, existe un consenso generalizado entre los mexicanos de que nuestro Poder Judicial debe ser renovado, mejorado; limpiarlo de vicios y de corrupción que han prevalecido durante muchos años.
Hasta por un percance automovilístico, por mínimo que fuera, el ciudadano trata de evitar a toda costa tener que estar ante una autoridad por la desconfianza que genera en nuestro país la impartición de justicia.
David Martín del Campo
De no creerse. Iba vestido de lujo, las velas tendidas y el enorme pendón desplegado en popa. La marinería trepada en las jarcias bajo aquella luminaria a lo ancho de los aparejos… igual que un sueño infantil, cuando en cosa de segundos la fragata quedó al garete, arrastrada por la corriente del East River y ¡zaz!, colisionó bajo el puente de Brooklyn y todo se esfumó.
Botado en los astilleros de Bilbao, el buque escuela “Cuauhtémoc” fue abanderado el 1982 por el presidente José López Portillo, tan dado a las proezas marineras. En principio se trataba de un “crucero de instrucción” para los cadetes de la Escuela Naval, donde concluirían sus estudios navegando por los cinco mares. La noche del viernes, cuando zarpaba con rumbo a Reikiavic, ocurrió el accidente que ha ocasionado la muerte de los cadetes América Sánchez y Adal Jair Marcos.
La vocación marina del país no es sobresaliente. Poseemos una armada más bien modesta que se constriñe a medio vigilar los 10 mil kilómetros de litorales que poseemos. Si bien un ataque marino fue el que nos obligó a entrar en la contienda de la II Guerra Mundial, el país se precia de no requerir de una armada mayor dada nuestra nula ambición expansionista.
Por Raúl Adorno Jiménez
Es evidente que por más que se esfuerza la oposición y esa comentocracia que se empeña por descalificar, por llevar a los extremos supuestos escándalos para debilitar a la Cuarta Transformación, ni gritos ni sombrerazos hacen mayor mella al proyecto que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum.
Da lástima y pena ajena el comediante Víctor Trujillo al tratar de ridiculizar a Luisa María Alcalde, actual presidenta nacional de Morena, con chistes baratos y banales que simplemente a la mayoría de los mexicanos no les interesa. No le resto méritos a quien personaliza a brozo, seguramente en sus redes sociales tendrá miles de seguidores, pero que se quedan cortos ante los millones de mexicanos que siguen creyendo en la presidenta Claudia Sheinbaum y su proyecto en la 4 T.