Rubén Vázquez Pérez
¿Cómo se le ocurre?
Un tipo como de 1.85, barbudo, discutía, en una mezcla que se tornaba iracunda, de inglés y español, con una flaquita, como de metro y medio, que todo lo expresaba en el idioma de Cervantes.
Estaban en medio de un metrobús llenó hasta el tope y la mujer reclamaba al grandote que no se metiera en la fila para subir al segundo piso. “Vamos formados”, decía la pequeña, aún sin gritar, pero en un volumen perfectamente audible.
El barbón alzaba la voz; la chica optó por pasar hacia el fondo de la unidad. Al fin y al cabo, su menudencia le facilitaba aprovechar los estrechos espacios que dejaba el descenso de pasajeros.
En el ambiente se sentía la pesadez de haber atestiguado como un gringo se había atrevido a maltratar a una compatriota, con sus insultos en inglés, en tierra mexicana, en medio de tantos mexicanos y ¡en Septiembre!, inaudito, inadmisible!
Y si: algo así debió pasar por la mente de otro mexicano, tan corpulento y grande como el extranjero, aunque –a diferencia de éste-, güero, de cabello rubio. Pero indudablemente mexicano por cómo empezó a insultarlo.
“¡Qué te pasa, pendejo!”, “¡Quítate de allí”! Y el gringo comenzó a utilizar sus “fucking…” algo. Y luego en español, “es que yo, éste…” Y el güero mexicano: “¡zácate de aquí, fuck you son of a bitch!”
Y que comienza a empujarlo. Y la gente vitoreando: “¡sácalo, sácalo!” Y el güero: “¿cómo ven si sacamos a este hijo de la chingada a vergazos”? Y a coro, desde el fondo del metrobús, las féminas mexicanas: “¡Si a vergazos, a vergazos!”!
El espectáculo no llegó a tanto.
Pero para este momento, un policía ya estaba dentro del camión, silente, pero sin perder de vista la iniciativa del güero mexicano, como si esperara una orden.
Y el güero ya tenía sujeto al pinche gringo del cuello de la camisa y del cinturón por detrás. El camión llegó a la estación del padre de la Patria: Hidalgo. Y ya no lo dudó, ya no pidió permiso: ayudado por el policía, lo botó de la unidad, con puntapié en el trasero gringo.
Algo reclamó el imprudente. Y el Güero mexicano, que se baja también, pero hecho una furia… y asumimos que le puso una santa chinga, porque ya no vimos más. El skybus –así se llaman las unidades de doble piso-, arrancó.
En las mentes de muchos estaban frescas las frases recientes, contundentes y harto frecuentes de la Presidenta Claudia ante las bravatas del presidente gringo, el boquiflojo Trump. Que si la defensa de la libertad, de la dignidad y la soberanía. Y claro, que viva México.
El ambiente se distendió, había sonrisas en varios rostros. “¿Cómo se le ocurre, verdá?”, decía una señora, satisfecha.
Volvimos a lo nuestro, la afrenta había sido lavada.
Faltaba más…
Rubén Vázquez Pérez
Está claro: le cuesta trabajo serenarse al segundo piso de la 4T.
Para muestra, un botón: Andrés Manuel López Beltrán dio la más reciente prueba de que pensar antes de actuar, no es precisamente lo suyo.
Porque ¿qué daño le causó el gobierno estadunidense por retirarle la visa? Y, sobre todo: ¿por qué tenía que decirlo él mismo?
Fue como si el gobierno de Trump lo conociera a la perfección y decidiera provocarlo al retirarle la visa. El resultado fue que obtuvo la reacción que quería: el hijo del Peje se enojó y él mismo dio a conocer la medida como si se tratara del peor de los agravios.
Rubén Vázquez Pérez
La decisión presidencial de acudir directamente con los maestros oaxaqueños de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para conocer de viva voz cuáles son sus expectativas y opiniones sobre la problemática magisterial fue, sin duda, como “jaquear al rey”.
Al poco tiempo de que la Presidenta Claudia Sheinbaum anunciara la medida, los maestros retiraron sus plantones y bloqueos de las principales vialidades de la Ciudad de México y regresaron a Oaxaca.
Presuntamente se fueron a replantear su lucha porque, según advirtieron, regresarían luego a la capital del país con una protesta aún más fuerte.
Está por verse, porque en alguna de las mañaneras recientes, la mandataria hizo notar un detalle en el que hasta ahora casi nadie había reparado: la movilización de la CNTE se ha reducido en los últimos años.
Más precisamente, a la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que agrupa a los profesores de Oaxaca.
Rubén Vázquez Pérez
La gobernadora de Chihuahua, la panista Maru Campos, habría de llegar al Senado de la República, con un as bajo la manga, pero tendría que ser uno de verdad muy bueno, uno que si bien hasta el momento resulta inimaginable, le permitiera negociar al menos su libertad, toda vez que la gravedad de los hechos de que se le acusan, hacen prácticamente inevitable que se le enjuicie políticamente, se le separe del cargo, pierda el fuero constitucional del que aún disfruta y sea llevada a la justicia acusada de traición a la Patria.
Y una vez sin fuero, no tardaría en acumular una serie de acusaciones –que si duda integrarían un grueso y pesado expediente- que muy probablemente habría de aumentar su tiempo en prisión.
Como ha sido del dominio público, la gobernadora enfrenta ahora haber contravenido lo que disponen la Constitución General de la República y la Ley de Seguridad Nacional, en lo relativo a haber permitido el ingreso de agentes estadunidenses de la CIA para que participaran en un operativo contra cárteles del narcotráfico, algo para lo que no solicitó el permiso del Gobierno federal –como lo establece la Ley- y, así las cosas, constituye una clara violación de la soberanía nacional.