Rubén Vázquez Pérez
Dijo Andrés Manuel López Obrador que los actuales son tiempos de definición y que no hay mucho espacio hacia donde hacerse; que se está con el pueblo o con la oligarquía.
Y así las cosas, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano se convirtió de la noche a la mañana en su adversario político porque –dijo el mandatario- el de Michoacán decidió ser parte del nuevo grupo político, Colectivo por México, una especie de ala moderada del bloque conservador, según definió.
Este hecho confirma aspectos inéditos de la nueva política mexicana que el presidente encabeza: uno, por donde quiera que se le vea, lamentable porque el Jefe del Ejecutivo es visceral y está presto a escuchar y hacer caso de versiones no confirmadas –para bien o para mal- ante las cuales reacciona con aceptación o condena.
Es el caso de la descalificación que hizo de Cárdenas Solórzano a quien de inmediato equiparó con los oligarcas y lo formó junto a éstos, olvidando de un plumazo el peso político e histórico del hijo del general en la historia reciente de México.
Rubén Vázquez Pérez
Desde luego que es un exceso equiparar a Andrés Manuel López Obrador con tiranos de la talla de Xi Jinping, de China; Vladimir Putin de Rusia; Daniel Ortega, de Nicaragua y Kim Jong-Un, de Corea del Norte, como reciente y desmesuradamente hizo la revista Index on Censorship, que llegó al absurdo de considerarlo Tirano del Año 2022.
El tabasqueño está lejos de haber perpetrado atrocidades como las que se pueden acreditar un día si y otro también a los mandatarios chino, ruso, nicaragüense o norcoreano, a quienes se ha señalado como responsables de asesinatos, etnocidios, cancelación de libertades y guerra contra su propia población o contra la de naciones menos poderosas.
Es decir: ni siquiera en sus peores excesos la oposición en México sustentaría acusaciones así contra el titular del Ejecutivo, aunque ciertamente se han de relamer los bigotes con la posibilidad de enderezarle esa nueva campaña pues al final de cuentas lo que les importa es engañar, confundir y desprestigiar, sin que mucho importe que sea con mentiras.
El análisis que presenta Index on Censorship hace acusaciones temerarias, en un tono lapidario, vertical, que no admite réplica o confrontación, menos debate. Y más bien se inscribe en la estrategia propagandística que el gobierno en curso enfrenta desde la derecha y apenas instantes después de que iniciara.
Hay que decir, empero, que cuando falta menos de dos años para el final de este primer sexenio de la Cuarta Transformación, el Presidente López Obrador ha quedado a deber, sobre todo en materia del combate a la inseguridad, a la delincuencia y a la creación del clima de paz y civilidad que caracterizan al denominado Estado de Derecho.
Rubén Vázquez Pérez
En lo que fue la crónica de una derrota anunciada –acaso la más grave para el futuro de la Cuarta Transformación-, la ministra Norma Lucía Piña Hernández se convirtió en la primera mujer electa para presidir la Suprema Corte de Justicia de la Nación, esto es, el Poder Judicial de la Federación, uno de los más importantes contrapesos a la figura dominante del sistema político mexicano, el Presidente de la República.
Tras un escandaloso proceso de descalificación contra la ministra Yasmín Esquivel Mossa, candidata del Presidente Andrés Manuel López Obrador a ocupar el cargo, la elección de la nueva ministra presidenta se resolvió hasta una tercera votación en la que Piña Hernández obtuvo un voto más que su contendiente, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena. Lo curioso del caso es que el voto que dio el triunfo a Piña Hernández fue el de la malograda –por desacreditada- candidata del Presidente.
Y resulta realmente inconcebible que en todo este proceso, el Presidente López Obrador no haya cuidado las formas y en cambio dejara en la opinión pública la clara percepción de que metió las manos en un Poder distinto y presuntamente autónomo: tenía una candidata y, evidentemente, restó seriedad y credibilidad al asunto por la impresión de que se trataba de un juego de intereses políticos.
¿El resultado? eligió mal, se pronunció por una incondicional a su gobierno, pero sin asegurarse que fuera incuestionable; la descobijó, la oposición le dio con todo y ahora –indagatorias aparte-, Yasmín Esquivel estaría en riesgo de perder su licencia de abogada y su cargo de ministra, si se comprueba que obtuvo su título mediante el plagio de una tesis.
Rubén Vázquez Pérez
Todos los días, por todos los rumbos de la ciudad, cientos de bloqueos a la circulación vehicular generan las consecuentes, larguísimas e interminables filas de ciudadanos que, verdaderamente, de a pie, deben caminar, estoicos, kilómetros para tratar de llegar a tiempo a sus trabajos, sus escuelas, sus hogares.
De Lunes a Viernes marchas, plantones y concentraciones definen si durante el resto del día el ciudadano común habrá de cumplir o no, con sus responsabilidades cotidianas, pero también si tendrá oportunidad de resolver una emergencia, digamos, de salud, propia o la de algún familiar.
Lo cierto es que debido a esos bloqueos todos los días el transporte público se vuelve inútil y junto con automóviles particulares, provocan, además del caos vehicular, serias afectaciones a la cotidianidad de los usuarios; así los bloqueos no hacen sino aumentar –un día si y otro también- el pesado lastre de enojo y frustración que les deja la inacción gubernamental y la falta de voluntad oficial para resolverlos.
Las autoridades gubernamentales de la capital del país se han definido como respetuosas de las manifestaciones políticas y sociales en calles y plazas públicas porque esas movilizaciones, es decir: los bloqueos, son el ejercicio del derecho constitucional a la libre manifestación de ideas, quejas, demandas y reclamos. Y, por tanto, han dicho, no habrán de usar la fuerza pública contra éstas porque eso sería represión.
Pero, ¿acaso el derecho al libre tránsito por calles de esta enorme y conflictiva ciudad, es un derecho ciudadano menor?, ¿no son ambos derechos consagrados en el texto constitucional, de esos que fueron ganados en la gesta revolucionaria de 1910 a sangre y fuego?