Rubén Vázquez Pérez
Es de una gran tristeza y de una terrible frustración advertir como los poderosos se cobijan bajo el manto de la impunidad, se salen con la suya y amenazan con nuevos abusos, despojos, violaciones, asesinatos. Y aún, atemorizan.
No se ve ni en el mediano ni en el largo plazo cómo frenar o al menos contrarrestar el derechoso autoritarismo imperial que ha desplegado esta especie de capitán Garfio en que se ha convertido Donald Trump y que sólo aplauden el resto de piratas de la peor calaña que le acompañan, todos al servicio de la poderosa oligarquía estadunidense, que ya se frota las manos por el regalo de ultramar que el corsario les obsequia: millones y millones de barriles de petróleo venezolano.
No sobra decir que la disponibilidad de tan abundante riqueza petrolera, no solamente asegura la operación de la maquinaria militar para intervenir en donde se le pegue la gana, sino que también le garantiza una posición de control del mercado petrolero mundial para subir o bajar precios y quebrar economías nacionales a su antojo.
Es de sobra conocida la inoperancia de instancias como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), así como de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, de la propia ONU, para resolver las diferencias entre los estados e incluso imponer sanciones, una vez que se haya comprobado la responsabilidad de la parte a la que se acusa.